lunes, 7 de diciembre de 2015

Primer exposición individual de Martínez Barrios



Ciudad Bolívar, 10 .10,67 (Especial).
La Casa de la Cultura de esta ciudad, acaba de abrir, sus puertas a una exposición de pintura de un joven de 24 años, que se presenta por pri­mera vez al público y que per­tenece a la "línea popular y espontánea de la creación".
Se trata de José Martínez Barrios, un joven soñador, nostálgico, rebuscador de cosas pasadas. Su madre fue lavandera del río en un tiempo y estregaba diariamente, por poca pa­ga, la ropa de los vecinos de su calle. De entre esa ropa, José sacaba las sábanas de los vecinos y las convertía en cuartos de coleto para sus pinceladas.
A pesar de que estuvo en la Escuela de Artes Plásticas "Armando Reverón", todo el tiempo que pudo durar esta Escuela desaparecida de un plumazo.
Para el doctor Sellier, profe­sor de la UDO y crítico de arte que acaba de adquirir varias de las obras expues­tas por Martínez, el resul­tado es "sorprendente". Ex­presa que este artista al pre­tender pintar una alegoría al estilo de Fragonard, redescu­bre por su cuenta el mundo onírico de Chagal y del adua­nero Rousseau.
"La fuerza del instinto es­pontáneo —dice Sellier— es tan fuerte que el pintor no repite mensaje de otros; sólo encuentra el suyo propio en la profundidad de su incons­ciente".
Martínez, apacible joven de 24 años, a quien los citadinos disfrutan por su manera de ser y ciertas anécdotas.
Cuando estudiaba en la Ar­mando Reverón, el cura Pá­rroco de la ciudad llevó el cuadro de un santo pintado al óleo para que los estudiantes le restauraran una mano que se había dañado. Los travie­sos estudiantes de la Arman­do Reverón se pusieron de acuerdo y le pintaron al san­to una mano tan descomunal­mente larga que el cura cuan­do vino por el cuadro estalló hecho una furia y amenazó a todos con excomulgarlos. Martínez salvó a sus compa­ñeros de la excomunión co­rrigiendo la mano del santo y volviendo un aspecto de  conformidad al indignado cura de la Parroquia.
Otra de sus anéctoas refiera que un hombre de su calle  llevó a uno de sus hijos para que le hiciera un retrato pero el niño estaba tan mal vestido que le pidió lo mejorara.  Entonces Martínez lo pintó como un príncipe, lo cual disgustó al Padre que le puso el lienzo de collar.

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