domingo, 11 de octubre de 2015

EN CIUDAD BOLÍOVAR COMPAÑERO DE FUGA DE PAPILLON

* Sarpache, otro de la quinaria, murió hace poco en Soledad y los dos Chinos regresaron y trabajan en  un Restaurant  de Georgetawn.

* Fromage que vive en Ciudad Bolívar no dio su nombre legítimo  porque es casado y tiene tres  hijos, uno de los cuales  está en el Ejército.  Espera a que Henri Cheriere cuente la verdad en su próximo libro.

-Américo Fernández-


Ciudad Bolívar, 16 de julio de 1967  (Especial).
En esta ciudad vive hace más de veinte años, un com­pañero
de fuga de Papillon, el hombre que ocupa la atención del mundo con el famoso do­cumento sobre su aventura en búsqueda constante de la libertad y la vida de los forzados en el Infierno verde.  ,- No da a conocer su legítimo nombre porque es casado y tiene tres hijos, uno de los cuales está en el Ejército. Pero durante los 13 años que estuvo en Cayena, sus compañeros de presidio lo apodaron "Froma­ge" porque era la presa fácil de las partidas de póker.
Laplanche, quien vivió y murió  en Soledad, al otro lado del Orinoco, era otro de los que formaban la quinaria junto con los dos chinos que hoy regentan un restaurante en Georgetown.
"Fromage" es un hombre blanco, de contextura fuerte, mide 1,70 de estatura, tiene los ojos verdes rayados y habla el español con ese tono gutu­ral del francés. Trabaja en la Zona del Hierro y viene fre­cuentemente a ver a su esposa, una guayanesa,  a su hija de 18 años y a un hijo varón  que estudia en el liceo. Otro se halla en el Ejército.
A este hombre que se evadió del Infierno Verde junto con el ya famoso Henri Cherriere (a) Papillón,  lo buscábamos ansiosamente desde hace poco más de dos meses cuando recogimos el “dato” en  un bar  de la ciudad. Al ser localizado fue inútil  todo intento para una entrevista.  Fromage se negaba, sobremanera porque alegaba  ser un ex presidiario rehabilitado  que no quería causarle el más leve daño a su familia.  Pero, al fin, en medio de la insistencia  y bajo la promesa de no revelar nombres  ni publicar fotografías, accedió a decir unas cuantas cosas de su aventura.

CONDENADO A MORIR
EN LA GUILLOTINA

A la edad de diecisiete años, "Fromage" fue condenado a morir en la guillotina por haber, bajo arrebato pasional, matado a un hombre.
—Ni el mejor abogado del momento, Henri Torres, pudo salvarme.  El asesinato del Presidente de Francia, Paúl Doumet puedo decir que me salvó la vida pues el Presidente entrante, Gaston Doumergue atendió una oportuna solicitud de mi abogado y me conmutó la pena.
Me hallaba en el campamento de Kourou, situado frente a las Islas San José, Royale y  del Diablo, condena­do a cadena perpetua       Era el año 1933 y con veinte años de edad. Entonces me propuse una fuga y fracasó siendo inmediatamente condenado a sufrir prisión en la tenebrosa isla del diablo donde pasé ocho años. 
Luego me dieron luz verde para el Continente y ya en Cayena me ne­gué a trabajar de cocinero  para el Comandante Martineau. En vista de mi negativa, el Co­mandante me envió a un Campamento Forestal obligándome a cortar un metro cúbico diario de madera. El jefe de este este Campamento    forestal      era de Martinica y vivía allí con su Señora, solos,  los sos en medio 300 criminales.  Nunca a nedie le importó el martiniqueño porque la
idea única y obsesionante del forzado cayenero era la fuga. Evadirse cuanto antes y en la primera ocasión.

¿CUÁNDO CONOCIÓ A PAPILLÓN?
Era yo amigo de Papillón  en la Isla del Diablo. El tuvo chance de que lo enviaran a '!Cayena antes que a mí. Lo conocía desde Francia porquesu caso hizo mucho ruido en  Paris.  No quiero hablar de esto. Cada uno lleva su cruz. Pero él estuvo 6 o 7 años in­ternado conmigo. 'Cuando lo devolvieron -de Barranquilla, nos encontramos de nuevo en este campamento forestal lla­mado Matoury. Se desempeña­ba como enfermero y vivía solo en una barraca.  En la barraca mía, en cambio, vivíamos hacinados  unos cincuenta,  en aquella época transcurría la guerra Mundial y los norteamericanos construían allí una base para aviones militares que ocupaban a unos dos mil portorriqueños.  Quedaba distante unos diez kilómetro de nuestro Campamento y hasta allá nos aventurábamos  cada noche  para traficar con aguar­diente y cigarrillos. Los divi­dendos de este negocio y las ganancias obtenidas en el jue­go de póker las acumulaba para invertirlas en una fuga. Papillon vino a verme un día y me propuso evadirnos, pero sólo los dos por temor a los soplones y a la Isla del Dia­blo. Los preparativos de fuga estaban casi listos y faltaba nada más que lo equivalente a mil bolívares. Me hice el enfermo y fui a la Capital para ver al  médico de la Penitenciaría de Cayena. Allí me encon­tré con Laplanche, un viejo amigo, que tenía la plata y deseaba fugarse.

UNA FUGA DISTINTA A LA NOVELADA POR PAPILLON
La fuga no fue desde la Isla del Diablo, ni sobre una ola llamada Lisette, tampoco na­vegando sobre una balsa hecha con sacos llenos de cocos. Fue simple y llanamente en una cu­riara que le hurtamos a un Negro amigo luego que lo em­borrachamos. Se la hurtamos porque el Negro tenía miedo y se negaba a vendérnosla. Una vez en posesión de ella, la lle­namos de piedras y la escondi­mos en el fondo de un río. La fuga a través del mar comenzó un domingo por la tarde: Pa­pillon, yo, Laplanche y dos chinos fugados de un penal es­pecial para ellos y que esta­ban viviendo en el monte. Ese día estaba prohibida la salida al mar a todos los pesqueros, debido al mal tiempo. La ban­dera roja al tope del Faro era signo de que nadie navegaría el mar para darnos caza. Pasa­mos ocho días y ocho noches achicando la curiara que ha­cía agua por todas partes. El sábado por la mañana vimos a lo lejos algo parecido a un barco y nos acercamos. Era el Faro de Georgetown, a unas veinte millas de la costa. Al llegar, sin saber dónde estába­mos, amarramos y subimos a hablar. Estaba allí un oficial de marina. Por señas le pedi­mos estopa y alquitrán para carenar la curiara y seguir. Al bajar, la lancha se había ido a pique con todo lo que había a bordo. Nos quedamos sólo con los pantalones puestos y las espaldas al aire, chamus­cadas y despellejadas por la sal y el sol. Papillon estaba más muerto que vivo, pues ha­bía salido de Cayena con un tumor superficial en el estó­mago a causa de una inyección mal aplicada. A pesar de su dolorosa infección, estuvo tur­nándose conmigo en la barra durante ocho días con sus no­ches. Los demás no sabían na­vegar a la vela.

EN GEORGETOWN
El oficial de, la marina que se hallaba en el Faro, nos envió a Georgetown y allá, antes de preguntarnos quiénes éramos, nos enviaron al Hospital. En esta ciudad para entonces ca­pital de la Guayana Inglesa, Pa­pillon y yo trabajamos juntos en Weismar, frente a las minas de Makensi. Aquí pesqué la malaria y me mudé de sitio. Papillon quedó en la ciudad con otros amigos, entre los que recuerdo a Guitou, Pierrot, Le Tou, etc. Eran unos cuantos. Lo perdí de vista por un tiem­po y luego supe que con tres amigos se fue en una curiara hasta Venezuela.

EN VENEZUELA
En julio de 1948 yo también decidí buscar nuevos rumbos y con dos amigos —Jean Vaillant y Maree Duré— me aventuré a pies por la selva. Cruzamos la Sierra Imataca en 22 días y llegamos a Tumeremo el 8 de agosto. Venezuela es un país comprensivo, amplio y genero­so. Nos tendió la mano y aquí estamos trabajando. Vaillant es mi compadre, padrino de mi hija que tiene 18 años porque aquí me casé y encontré la felicidad con una Todos me conocen y me respetan. Venezuela es mi segunda Patria y mi familia, dos varones y una hembra.
—¿Conoce usted a Joseph Cortés, el ex cayenero que le pide ayuda a Papiillon desde  Puerto La Cruz?
—Conocí a Cortés -"Fromage"— en la Isla del Diablo. Lo que dijo
En la entrevista es verdad. Estuve trece años allá y puedo decir  que los únicos que se fugaron de Royale, en lancha y tuvieron  éxito, fueron ellos, Nadie  jamás lo logró.
—¿Cómo son los detalles de la niña salvada por  Papillon?l
Nunca supe que salvó una niña.
¿La Justicia en Francia es así como la deja ver  en su libro?
Por mala que haya sido  Justicia en Francia, trece años que estuve no encontré ningún inocente.
¿Es Papillon un embustero?
—Es un hombre muy audaz  y de una gran imaginación, pero espero que en su otro libro Papillon cuente la verdad.
—¿Ha vuelto a ver a Papillon?
En 1953 vino a esta y me visitó durante diez minutos.
¿Qué hablaron?
Nada que valga la pena
 —¿Espera usted que Papillon lo ayude?
Sería para mí muy desagradable llegar a la situación de Joseph Cortés. No nada espero de Papillon. Desde  que me fugué, siempre he trabajado  do y nunca me ha faltado para dar de comer a mi familia. Quiero seguir así has muera.
"Fromage" —un gran amigo-  no aguanta más, se levanta de su silla y me despide.


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