sábado, 10 de octubre de 2015

Frente, al Tucucimba y a Orillas del Orinoco Un Pueblo Llamado Mapire

E! Nacional — Caracas: Jueves 6 de Julio de 1967



En el día de su patrono San Pedro Apóstol, quienes fueron en busca de otros horizontes retornaron para el gran abrazo con su pueblo.
Ciudad Bolívar, 5, (Especial),
Frente al cerro Tucucimba, en la orilla norte del rio Orinoco sobre el borde de Anzoátegui, vive un pueblo silencioso y humilde que trabaja la pesca a la luz del sol y que cultiva la tierra. Tal es Mapire, cuyo nombre probablemente lo deba al hecho geo­gráfico de estar situado en uno de los bolsos más pronunciados del Orinoco.
Mapire, junto con Soledad, forman los dos puertos fluviales principales de Anzoátegui. Es uno de los ocho Municipios del Distrito Monagas, con una altu­ra de 50 metros sobre el nivel del mar, donde la temperatura en tiempo de estío irrita la piel y donde en tiempo de invierno la precipita­ción pluvial registra un promedio de 1.300 mm.
En Mapire no hay mucha gente, apenas unas 1.500 almas que en los últimos 30 años no han podido multiplicarse y que le estarán dando vida y calor al lugar mientras los grandes aluviones que el Orinoco va dejando en sus periódicos des­censos favorezcan la producción de algodón y el cultivo rudimen­tario del frijol, la patilla la caraota y la yuca. Es el algodón el principal producto agrícola de este pueblo. Precisamente, el año pasado produjo más de dos mi­llones de kilogramos. La ganadería es ínfima como su población. De las cuatrocientas mil cabezas de ganado que tiene todo Anzoátegui, Mapire contribuye con una cuota de 5.000 vacunos. Mapire continúa conservando su condición de capital del Distrito Monagas a pesar de los reclamos de San Diego de Cabrutica, cuyos habitantes alegan ser poblaciona y económicamente más importantes.  El Municipio San Diego de Cabrutica tiene Cinco mil habitantes y una población ganadera de 33 mil cabezas.
Mapire, como todos los pueblos, ha buscado en el almanaque un día para hacerse sentir, tal es el 29 de junio, día consagrado por el santoral a San Pedro Apóstol. Por eso nos hemos ocupado de Mapire, porque el 29 de junio fue el día de su patrono y hu­bo jolgorio y vino el Obispo de Barcelona y otras autorida­des superiores. Vinieron todos sus hijos, todos los mapireños que un día cualquiera abandona­ron el terruño y se fueron por diversos caminos en busca de nuevos rumbos. El 29 también fue día del reencuentro. La mayor, caravana partió desde Caracas.
El Presidente del Comité de Fiesta de este lejano pueblito del Orinoco, es Luis Vicente Pinto y lo forman además, Humberto Campos, Ramón Silva, Domingo Zacarías, Eduardo Velasco López, Alfonso Pumar, Omar Núñez y Gladys Pumar. Ellos nos han co­municado sobre algunas necesi­dades del Municipio que lamen­tablemente no pudieron satisfacer para estos días a pesar de cons­tantes solicitudes.
Bueno hubiese sido que para el día en que retornaron todos los mapireños a su pueblo lo hubieran hecho sin el polvo que, a lo largo de 150 kilómetros los ca­rros levantan de Pariaguan a Mapire; también hubiese sido una gracia la reconstrucción del puente Guatire que el año pasado se lo llevó la creciente, El puente Guatire comunica con los Municipios Uverito y San Diego y en tiempo de invierno hay que aguardar que baje el río para que los carros normalicen el tráfico vadeando el río. Otros males existen en Mapire y vale señalar que  el acueducto cons­truido per el Gobierno sirve el agua directamente del Orinoco, sin el debido tratamiento.
Realmente este es un pueblo humilde, pero de una gran fortaleza, espiritual que se traduce en ar­bitrar fórmulas para el bienes­tar común. Para- ello cuenta con sus guías que son el Párroco de la Iglesia, el Médico, el Prefecto y el Presidente Municipal, ade­más de los maestros.
La comunidad está empeñada en una Escuela de Comercio, una Escuela Granja y una Biblioteca. La iniciativa ha partido del Pa­dre Carlos Vallejos, un español de Zaragoza, que ha adelantado bastante este proyecto.
La salud del pueblo, aparentemente es buena. De ella suele cuidar generalmente el Dr. Pas­tor Martín Pérez exiliado cubano cuya bondad exteriorizan en comentarios los habitantes de lugar. 

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